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La cuota de mantenimiento

Por: Anibal Araque

Expresó alguna vez un conocido premio Nobel de economía que “nada es gratis”, por esto partiendo de esta realidad mencionaremos los tres aspectos que soportan cualquier régimen de Gobierno que desee perdurar en el tiempo, de los cuales se requiere al menos uno solo de ellos para lograrlo.

En primer lugar así como se requiere dinero para llegar al poder, no es menos cierto que para mantenerse en el mismo se requieren mayores niveles de ingreso, aspecto este que es directamente proporcional a el carácter totalitario del mismo, es decir mientras más autócrata y totalitario sea su accionar más dinero requiere; y nótese que se utiliza la palabra dinero y no la palabra recursos pues curiosamente la vocación totalitaria parece tener algo que le impide transformar los recursos en dinero, ya que en el mejor de los casos lo que logran transformar llega en una fracción muy pero muy minoritaria al pueblo que dicen representar.

En este caso el mejor ejemplo de lo anterior es aquel famoso refrán de “billete mata a galán” pues algunas veces se puede ser repulsivo, grotesco y hasta despreciable, pero con los recursos suficientes existe una especie de capacidad de perdón y olvido que la razón no explica muy bien.

En segundo lugar se requiere apoyo popular que lógicamente nunca será suficiente, por eso a veces las líneas divisorias entre lo popular y lo populista se hacen cada vez más imperceptibles así que en búsqueda de ese apoyo cada vez más numeroso se pretende pasar de la dicción a la acción en aquello de “decir lo que el otro desea escuchar” cosa que muy lamentablemente para el destinatario se hace cada vez más evidenciable en la medida que el gobernante sea cada vez mas totalitario.

En este punto existen experiencias numerosas donde se dejan claro como el poder de la palabra, carisma o quien sabe que; hace que pese a la circunstancias una mayoría representativa apoye, siga y de su aprobación a proyectos políticos que por descabellados que parezcan parecen calar muy profundo en el corazón del pueblo.

En tercer lugar y por pesado que parezca, el temor hacia el Gobierno puede sostener al mismo ya que de fallar las dos condiciones anteriores el miedo del pueblo crea una barrera que impide accionar en lo que se puede considerar el justo reclamo por sus derechos políticos, civiles y personales; incluso de permanecer en el tiempo generaría una especie de “síndrome de Estocolmo” adaptado a las realidades particulares de cada país.

Ahora bien, usted como ser racional que aprende de las experiencias y vivencias seguramente está en plena capacidad de analizar si le parece conocido alguno de estos escenarios, pues algunas veces se dificulta distinguir entre la realidad y lo que parece ficción llegando al punto donde no se sabe si se está dormido o despierto.

@econ_araque

economia-integral@hotmail.com